En los cien años de la muerte de Cueruo

(1911-2011)

II Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana

Miguel Angel Mahecha B. Profesor área de Lingüística Facultad de Educación miguelangel.mahecha@usco.edu.co

régimen de la lengua castellana, una de sus investigaciones más destacadas, en la que se examina la evolución y el origen de la gramática y sintaxis de muchas palabras. Esta obra, terminada en 1994 por el Instituto Caro y Cuervo con base en sus anotaciones originales y en los dos volúmenes que alcanzó a publicar en vida, se considera hoy como el mayor monumento gramatical y sintáctico de la lengua castellana. Son ocho romos que contienen más de 8.000 páginas en las que se analizan cerca de 9.500 voces.

A pesar de esta descomunal empresa, de la calidad de sus diferentes estudios y del prestigio del que goza en el mundo académico, el filólogo es un personaje bastante ignorado por el común de los colombianos. Este desconocimiento llevó al Instituto Caro y Cuervo, a su Asociación de Amigos y al Ministerio de Cultura a declarar el 2011 como el Año Rufino José Cuervo.

La celebración se inicia hoy, con la segunda edición del Festival de la Palabra, en conmemoración de los cien años de la muerte del erudito. Además se reeditará la cerveza Don Rufino y, a lo largo del año, se promoverán becas de investigación que aporten conocimiento sobre su vida y obra, como también se harán los trámites necesarios para lograr la expedición de un billete con la efigie del académico. Estos eventos estarán complementados con diferentes exposiciones en la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional y la Biblioteca Luis Angel Arango.

El año Cuervo es el reconocimiento a uno de los filólogos más importantes que ha producido el país.

Son pocos los que conocen la vida de Rufino José Cuervo y muchos menos los que han estudiado su inmensa obra. Sin embargo, este bogotano nacido en 1844 es uno de los filólogos hispanistas más reconocidos en el mundo académico.

Su pasión por la ciencia de las lenguas lo llevó a dedicarse a enormes proyectos, como el Diccionario de construcción y

Es rescatable que se incentive el reconocimiento y la preservación de la memoria de uno de los filólogos más importantes que ha producido el país, cuya batalla a lo largo de su vida fue encontrar la unidad en la diversidad de nuestra

lengua sin desconocer en ella un organismo que evoluciona, cambia y se renueva. Su proyecto no es de ningún modo desdeñable, pues además de la importancia que tiene el hablar y escribir bien, el lenguaje es -por sobre muchas cosas- lo que constituye nuestra verdadera identidad1 .

Curiosamente volvemos a mencionar el nombre de Rufino José Cuervo. Como es costumbre en nuestra realidad colombiana, tomamos a nuestros grandes hombres y los paseamos llevándolos del olvido al recuerdo y viceversa. Este texto ha sido escrito especialmente para los estudiantes de lingüística del programa de lengua castellana que han cursado conmigo dicha asignatura y quienes merecen conocer - lo que el ritmo didáctico'discursivo de una carrera en vías de acreditación les ha negado por conveniencia o tal vez por desconocimiento-: El universo de Cuervo.

Este escrito pretende además de comprender y valorar en la figura de Cuervo, un momento importante del pensamiento lingüístico nacional, sugerir la posibilidad de modificar los contenidos temáticos de los cursos de Introducción a la Lingüística, Lingüística 2 (asignatura del programa de lengua castellana) y Lingüística General (asignatura del programa de lengua extranjera), con el fin de comprender el modelo teórico de Cuervo y su respectiva aplicación al trabajo con la lengua española. Más aún, podemos partir de una reflexión metalexicográfica que nos brinde un espacio conceptual lo suficientemente amplio para lograr los objetivos citados.

Es esperable que un curso de lexicografía (o cualquier otro curso, las etiquetas no interesan aquí por el momento) les ofrezca a los estudiantes del área de lingüística, un panorama teórico-metodológico del oficio lexicográfico2 . Son muchos los aspectos que se deben cubrir (y vivir) para llegar a comprender qué es un diccionario y detrás de él, qué (y quién) es un lexicógrafo" .

Un curso de lexicografía busca conjugar lo que en términos de Manuel Seco (2003,3) se denomina "lexicografía práctica" (o simplemente lexicografía) y "lexicografía teórica" (o metalexicografía). Es más, si tenemos en cuenta el caso colombiano, la misma creación del Instituto Caro y Cuervo en 1942, así como el rescate de una tradición lingüística colombiana en la figura de Rufino José Cuervo, tuvo su trasfondo en la culminación del Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana (DCR). Lograr la culminación de este trabajo monumental obligó a los redactores colombianos -bajo la reservada mirada de los extranjeros- a hacer monografías, a seleccionar entradas, a acopiar ejemplos, a hacer teoría y a comentar lo realizado. Cest en forgeant que Ion devient forgeron.

Y si bien es cierto que después de 100 años se logró culminar el proyecto del DCR y se cuenta con ocho tomos (8263 páginas), uno se pregunta si ya no hay nada más que decir alrededor del Diccionario de Cuervo3. El presente ensayo está constituido por (y en) dos partes. En la primera se hará una descripción del DCR siguiendo los


parámetros teóricos de Haensch (1996), Hernández (1998) y de Porto Dapena (1980). En la segunda parte, se propondrá el análisis esquemático del DCR bajo la óptica de la teoría de valencias en una visión prospectiva,, presentando además alternativas metodológicas para la modificación de los microdiseños curriculares del área de lingüística del programa de lengua castellana.

1. Descripción lexicográfica

Podemos destacar dos aspectos representativos incluso coyunturales del DCR: (i) ser un diccionario sintáctico sin parangón en la lengua española ni en otras lenguas; (ii) las vicisitudes4 que marcaron su continuación y por ende su culminación. El primer aspecto lo presentaremos infra dentro del plan analítico. Dedicaremos ahora unas pocas líneas al segundo aspecto por considerarlo un factor decisivo a la hora de comprender el valor del DCR.

1.1. Aspectos extradisciplinares

Elementos Biográficos de Rufino José Cuervo

Hijo de Rufino Cuervo, vicepresidente de la República durante el mandato del general Tomás Cipriano de Mosquera, y de doña Francisca Urisarri. Rufino José fue el último de siete hermanos, tres de los cuales murieron en la niñez y juventud. Bautizado por el señor Manuel José Mosquera, amigo de su padre, su infancia transcurrió en la casa paterna, ubicada cerca de la catedral, donde vivían las familias más distinguidas de la capital. Allí recibió, directamente de su padre, las primeras enseñanzas, debido al caos en que se encontraba la educación después de la expulsión de los jesuítas en 1850. Su enorme capacidad de asimilación y observación permitió que los preceptos y normas vistos en el padre y captados en la tradición familiar, fueran moldeando su espíritu; por otra parte, los elementos de geografía y gramática que recibió durante su primera educación, fueron decisivos en el desarrollo de sus posteriores estudios sobre la lengua.

Muerto su padre en 1853, Cuervo ingresó al Liceo de Familia, dirigido por su hermano mayor Antonio Basilio, donde enseñaban profesores como Pedro Fernández Madrid, el ex presidente José Ignacio de Márquez y Antonio José de Sucre, quien viendo la disposición para los idiomas de Cuervo y Miguel Antonio Caro, los separó de los demás alumnos, para darles lecciones especiales de latín y castellano. En 1860 Cuervo estudió con don Santiago Pérez, quien introdujo las enseñanzas gramaticales de Andrés Bello en Colombia. En 1861 ingresó al Colegio Mayor de San Bartolomé para estudiar lógica, pero su permanencia allí fue corta, puesto que la comunidad jesuíta fue nuevamente expulsada del país. Así, a causa de la inestabilidad política y social imperante en Colombia, la educación intelectual de Cuervo no pudo ser continua,


coherente y metódica; con todos los claustros clausurados en 1861, su educación llegó a un fin prematuro cuando tenía 17 años. Los siguientes seis años constituyen un período de silencio en su vida, pero se presume su dedicación al estudio solitario y perseverante de las disciplinas lingüísticas.

A medida que avanzaba en sus lecturas, Cuervo hacía rápidos y seguros adelantos, como sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano (1867 - 1872), la Muestra de un diccionario de la lengua castellana (1872) y los Estudios filológicos. Cuando Cuervo publicó en 1872 la Muestra, su argumentación lingüística era tan amplia que abarcaba varios troncos idiomáticos: armenio, celta, danés, flamenco, griego, latín, lituano, ruso, sueco y sánscrito, y dentro de las lenguas románicas: francés, italiano, portugués y provenzal, contando con el español, de cuya repartición dialectal daba información. Remitía también al euskera, y en el campo de las lenguas semíticas, al árabe y al hebreo. Fernando A. Martínez dice: Si Cuervo hubiera proseguido por el campo acotado del comparatismo, hubiera podido ser uno de los primeros indoeuropeos del siglo XIX. Paralelamente, Cuervo se esforzaba por mantener un círculo de relaciones sociales en el que se destacan las figuras de Venancio González Manrique, su colaborador en la Muestra, el doctor Ezequiel Uricoechea, quien lo mantenía al corriente de las noticias literarias y científicas europeas, y, especialmente, Miguel Antonio Caro.

Cuervo trabajaba con minuciosidad la documentación en que basaba sus afirmaciones, y fue elaborando el Diccionario lentamente, como recreándose en las investigaciones previas que lo fundamentan. Así, a las dificultades propias del trabajo, vino a sumarse la debilidad de su salud y la soledad en que se encontraba, especialmente después de la muerte de su hermano en 1896. Ya anciano, envejecido prematuramente por los rigores del trabajo, apenas podía dedicar unos minutos seguidos a su trabajo, que tenía que interrumpir constantemente. En 1905 hizo su testamento, y parecía haber abandonado sus estudios para encontrar la paz en la lectura del Breviario de la imitación de Cristo y las obras de Santa Teresa de Jesús. Tomó una actitud apacible y tesonera ante la muerte. Dejó sus libros, papeles y manuscritos a la Biblioteca Nacional de Colombia; el dinero, a la beneficencia de la patria chica; el producto del arriendo de sus fincas, para auxiliar a un tipógrafo; a la familia Cuervo, lo espiritual, sus diplomas, sus trofeos, sus condecoraciones, y los muebles, a su empleada de servicio. Murió vestido con una casaca ceremoniosa que con anterioridad se había hecho colocar y que sólo usaba en ocasiones solemnes. Se encuentra enterrado en el Cementerio del Pére-Lachaise (división 90).

Cuervo y el Diccionario

En 1872 en Bogotá, Rufino José Cuervo comienza el trabajo de redacción de su DCR. Hay un antecedente importante cuya influencia y resultado aún es debatido5: La Muestra de un diccionario de la lengua castellana. En 1863 Cuervo y Manrique realizan un ejercicio lexicográfico con miras a intentar la redacción


de un diccionario general como el Bescherelle o el de Webster. Si bien el intento no pasó de la redacción de las letras L y O, el proyecto fue abandonado sin duda por el impetuoso arranque juvenil y la oscura condición humana. Así pues, el 29 de junio de 1872, después de sopesar su frustrada experiencia y las palabras de un amigo en destierro, Cuervo comienza formalmente su trabajo con el DCR invocando el espíritu católico: "Implorando la luz déla Sabiduría Eterna, bajo los auspicios de los apóstoles Pedro y Pablo, comienzo esta obra: si, con la voluntad de Dios, felizmente llegara a su término, no sea para nosotros la gloria, sino para tu nombre..." y trabaja sin interrupción en él durante más de 20 años. Sin un motivo claro, abandona la tarea6 dejando publicados dos tomos en París (1886-1893). La tarea de continuación y por ende de finalización ocupó un periodo de alrededor de 100 años. Podemos dividir entonces los periodos de la historia del DCR así:

♦    Primer periodo: Intuición, visualización, 18631871. Periodo previo, incluso propedéutico que produce una 'Muestra'7.

♦    Segundo periodo: 1872-1896. Cuervo redacta y publica dos tomos en París, letras A a la D (Tomo 1, A-B, 1886; tomo 2, C-D, 1893) con un total de 2270 páginas. Se presume que entre 1893 y 1896 Cuervo redactó las monografías de EA-Empero que encabezan el tomo 3.

Hay un periodo muerto entre 1896 y 1940.

♦    Tercer periodo: 1940-1949. Se crea en 1940 el Ateneo de Altos Estudios para continuar los trabajos científicos emprendidos en Colombia años atrás, entre ellos el DCR. En 1942 se crea el Instituto Caro y Cuervo con el fin primordial de finalizar el Diccionario y llevar a cabo, además, estudios dialectológicos y filológicos.

♦    Cuarto periodo: 1949-1972: Creación de la sección de lexicografía8 bajo la dirección del profesor español Pedro Urbano González de la Calle quien trabaja entre 1949 y 1950, fecha de su partida a México. Entre sus escritos, figura el artículo, Concepto de un Diccionario de Construcción y Régimen, publicado en el tomo I número 3 (1945) de Thesaurus, pp. 476-492. Toma su lugar el profesor Fernando Antonio Martínez quien se hace cargo de la sección de lexicografía y lidera el proceso de continuación desde 1950 hasta 1972 año de su deceso. El redactó 24 monografías entre las que se encuentra 'Empezar', supervisó en Friburgo de Brisgovia la reedición de los dos tomos redactados por Cuervo (1953-1954). Contó además con la colaboración del profesor Joan Corominas entre 1957 y 1959.

♦    Quinto periodo: 1973-1987. Participan activamente los profesores Rafael Torres Quintero y José Alvaro Porto Dapena entre 1973 y 1976. Porto regresa a España. Queda a cargo el profesor Jorge Páramo Pomareda, director del Departamento de Lingüística entre los años de 1977 y 1979. El profesor Páramo era aun convencido de que el trabajo de finalización debería estar completamente en manos colombianas. Luchas intestinas impiden tal deseo. En 1979 el profesor Porto Dapena retoma el trabajo y lo lleva a cabo hasta 1984. De esta actividad presenta un libro


muy interesante sobre el DCR y la actividad lexicográfica9 En 1987 se publica el tomo 3 del DCR (18 de diciembre).

♦ Sexto periodo: 1988-1994. Finalización.

A partir de 1988 bajo la dirección del profesor Edilberto Cruz Espejo y la dirección administrativa de Ignacio Cháves Cuevas, se finaliza la redacción del DCR y se publican los cinco tomos restantes.

El 1 de julio de 1994 se presentó el DCR en la sede de la UNESCO en París. El 3 de julio de 1995 se les entrega el Diccionario a los reyes de España en la ciudad de Madrid.

En 1998 se realizó la reedición del DCR en una edición más compacta y atractiva (en términos de mercadeo) a cargo de la Editorial Herder, la misma que en el 2002 lanzó la edición electrónica en formato CD-ROM

1.2. Aspectos intradisciplinares: Modelos lexicográficos y criterios de análisis

Localizada, pues, la obra, podemos añadir que, como reza en su título, el diccionario de Cuervo es de carácter restringido -de restricción interna, de tipo gramatical, ya que se preocupa fundamentalmente por el estudio de aquellas palabras que poseen un comportamiento sintáctico especial. Se trata, por lo demás, de una obra, compuesta por un total de ocho volúmenes, cuya elaboración -debido sobre todo a su extrema complejidad- ha llevado demasiado tiempo: ideado e iniciado, efectivamente, en 1872 por el filólogo colombiano R. J. Cuervo, no se terminó hasta 1993 -es decir, más de un siglo después-gracias al empeño y tesón del Instituto Caro y Cuervo de Bogotá, institución fundada en 1940 casi con el específico fin de dar término a este diccionario, sin duda una de las obras más importantes de la lexicografía hispánica, lo que hizo merecedora a esta institución colombiana del premio "Príncipe de Asturias" de comunicación y humanidades, otorgado en el

año 1999.

Sobre las características de este diccionario, así como sobre los avatares por los que ha pasado su elaboración, existen varias publicaciones, entre las que cabe destacar el libro Elementos de lexicografía: El Diccionario de construcción y régimen de R. J. Cuervo (Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1980). Se debe señalar brevemente que Cuervo llegó a redactar y publicar tan solo los dos primeros tomos, que comprenden, respectivamente, las letras A-B (1886) y C-D (1893). La obra quedó, por lo tanto, inconclusa hasta que en 1953 el Caro y Cuervo reedita estos dos volúmenes y en 1959 se comienza la redacción y publicación, por fascículos, del tomo tercero, que a su vez se queda atascado ( una de las razones la muerte del colombiano Fernando Antonio Martínez) hasta que en 1974 el Instituto encarga al chapetón Porto Dapena, los trabajos de continuación, en los que se ocupa hasta 1987, año en que se termina de redactar y publicar todo el tomo, dedicado en su totalidad a la letra E. A partir de ese momento la continuación de la obra va a correr exclusivamente a cargo del pequeño equipo que el grupo español de Porto y Fernández Sevilla habían ido formando durante las estancias en Bogotá, y en 1993 dicho equipo logra llevar a cabo la obra completando los cinco tomos restantes.

1.2.1.Sobre el concepto de DCR

Citamos las palabras del profesor González de la


Calle (1945, 477-79) -la cita es extensa pero lo requiere su valor teórico e histórico-:

Un léxico de construcción y régimen, científicamente concebido y elaborado, no puede quedar adscrito en la elección de su material de giros y frases a una determinada orientación literaria; ni siquiera puede referirse tan sólo a la lengua literaria, sino que abarcando esta en todas sus modalidades conocidas, debe comprender también cuantos testimonios puedan gradual y constantemente recogerse de la lengua hablada. Sin esa amplitud de visión, no será posible ni legítimo decir que tal Diccionario lo sea en realidad de la construcción y del régimen de la lengua A, B, o C, sino de tal o cual autor, o de tal o cual escuela, cenáculo o dirección artístico-literaria. Y no se crea que al demandar que el material elaborable alcance la indicada extensión, que se equipara con la totalidad de las manifestaciones del idioma estudiado, nos preocupa sólo, ni acaso siquiera principalmente que el registro del Léxico así elaborado sea completo, condición de integridad testimonial siempre de calificada importancia y acreedora a los más diligentes desvelos de los estudiosos.

Nos preocupa ante todo y sobre todo al exigir esa plena documentación, sin exclusiones ni reservas, que sus distintas partes se integren y se expliquen recíprocamente en la unidad del todo que forman. En este punto las doctrinas de Lófstedt en sus lucubraciones sintácticas sobre la lengua vulgar, dan a nuestros asertos plena fundamentación científica. De esa posición doctrinal baste anotar aquí que la lengua vulgar, mejor diríamos, la lengua hablada no sometida de ordinario a la precisa estilización ni al rigorismo sintáctico de la lengua literaria y escrita, ni es una esencia idiomàtica antitética de esta última, ni vive sin conexiones con ella, sino que, muy al contrario, condicionándola, ejerce influencias sobre su antagonista y hermana, por la que es también a su vez poderosa y constantemente condicionada e influida. Y mejor que de hermandad y de antagonismo, podríamos hablar de que la lengua literaria y la lengua hablada no son, en realidad y en definitiva, más que facetas diversas de una común substancia idiomática [...]

Y queda ya para terminar estas consideraciones, glosar tan sólo el rótulo, que, siguiendo la autorizada tradición del maestro Cuervo, hemos aceptado para las labores lexicográficas aquí especialmente mencionadas: "Diccionario de construcción y régimen". ¿Es esa denominación completamente exacta y pertinente? ¿Deberemos aceptarla sin observación alguna, o, por el contrario, podrá y merecerá ser rectificada! Advirtamos, en primer término, que con dicha expresión parece sugerirse el concepto del subtratado gramatical sintáctico, como capitalmente integrado por la teoría de la construcción y la teoría del régimen. En efecto, el Diccionario de Autoridades de la Academia Española, define la construcción gramatical así: "En la gramática es la recta composición de las partes de la oración entre sí. Lat. Partium orationis constructio”'. Del régimen dice ese mismo Léxico, últimamente citado, tan sólo que es "el modo de gobernarse o regirse en alguna cosa. Es voz puramente latina Régimen". En su última edición (16a), el Léxico de la Academia Española precisa la acepción gramatical de régimen en estas palabras: "Dependencia que entre sí tienen las palabras en la oración. Determínase por el oficio de unos vocablos respecto de otros, estén relacionados o no por medio de las preposiciones...” Y en la misma edición 16 del Diccionario mencionado, se define o describe la construcción gramatical como "ordenamiento y disposición a que se han de someter las palabras ya relacionadas por la concordancia y el régimen, para expresar con ellas todo linaje de conceptos".

Se nos dispensará de entrar en una minuciosa exégesis de las definiciones académicas, que ciertamente no se distinguen siempre por una absoluta precisión, pero se nos concederá que con las expresiones literalmente trascritas, con toda claridad se designa una parte, tan sólo una parte de la sintaxis científica: teoría de la concordancia y teoría del régimen de los casos casi exclusivamente. Pues bien, esa parte tan precisamente circunscrita con los términos glosados, es la que de un modo tradicional ha venido aceptándose por representación adecuada de todo el subtratado gramatical sintáctico. Sabido es que esa representación usurpada, no ha sido considerada como legítima por los nuevos maestros de Sintaxis. En este subtratado gramatical la teoría de los modos, tiempos y voces verbales, la semasiología sintáctica, la fraseología y el estilo en sus modalidades más genéricas, hallan lugar y atención, que parecen negarles los escuetos términos construcción y régimen aquí parafraseados. En muchos tratados modernos de Sintaxis de los idiomas clásicos y aun de las lenguas vivas hoy, no se establece una línea divisoria clara entre la Sintaxis tradicional stricto sensu y la Estilística, parcialmente concebida en ocasiones como una Sintaxis ornata. Mas en los mismos textos magistrales modernos (sirva de ejemplo el muy prestigioso de Schmalz) en los que se distingue con bastante precisión la Sintaxis de la Estilística o teoría del estilo, el tratado sintáctico no queda reducido a la mera teoría de la construcción y del régimen, abarcando realidades funcionales lingüísticas, que no cabe comprender en esos términos que aquí glosamos. Mas en nuestro concepto bastará tener muy en cuenta la legitimidad y justificación del reparo que acabamos de formular, para no conceder a la expresión "Diccionario de construcción y régimen" más que un valor histórico, tradicional, representativo de una concepción sintáctica en buena parte superada en los días que corren. Puestos de acuerdo respecto de la incuestionable justificación de esa advertencia, ya no habrá inconveniente alguno en seguir utilizando la denominación tradicional, mas procurando henchirla de todo su actual valor significativo.


1.3. Caracterización del DCR

Vamos a tomar como punto de partida el esquema de Haensch 1996 para describir y presentar las características del diccionario de Cuervo.

1.3.1.Datos bibliográficos

El DCR, en la edición del Instituto Caro y Cuervo (ICC) consta de ocho tomos constituidos de la siguiente manera:

Tomo 1 (A-B): 922 páginas + 54 páginas de introducción + 3 páginas de presentación a cargo del profesor Fernando Antonio Martínez, + 12 páginas de una lista de los principales autores y obras que se citan en el volumen + 1 página de abreviaturas + 1 de signos. Total: 993 páginas. Tomo 2: (C-D): 1348 páginas.

Tomo 3: (E): 1505 páginas + 4 páginas redactadas por la dirección del ICC.

Tomo 4: (F-G): 831 páginas.

Tomo 5: (H-J): 849 páginas.

Tomo 6: (L'N): 820 páginas.

Tomo 7: (O-Q): 906 páginas.

Tomo 8: (r-Z): 1007 páginas.

El número total de páginas es de 8263.

A partir del cuarto tomo se explícita que el DCR de Cuervo es continuado y editado por el Instituto Caro y Cuervo, con el apoyo de la OEI, la Comisión del Quinto Centenario y la Fundación Mario Santodomingo.

Luego déla publicación de la edición del DCR por parte del ICC, apareció la versión de la editorial Herder. Esta es una reproducción fotográfica de la versión colombiana. Dicha edición, a pesar de contar igualmente con ocho tomos, es más comprimida; el tomo 3 guarda la misma proporción con los tomos restantes. Salta a al vista la no inclusión de las páginas de presentación del profesor Fernando Antonio Martínez para el tomo 1 y de la Dirección del ICC para el tomo3. Se desconocen los motivos. En el año 2002 se lanza al mercado la edición en CD-ROM. Es un CD de 45867 bytes; sus dimensiones son de 460 x 225 pixeles y fue creado el 19 de marzo de 2002. Trae además un cuadernillo de 11 páginas en donde se hace la descripción de la interfaz de usuario e instrucciones de uso del DCR: (i) Barra superior de menús, (ii) Barra de iconos, (iii) Ventana de navegación que contiene: índice, búsqueda, abreviaturas y autores, (iv) Ventana de presentación del texto, (v) Conexión a la Web de editorial Herder S.S. y correo electrónico. En el CD se encuentra una introducción que presenta a los lectores un panorama exhaustivo del DCR.

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1.3.2.    Caracterización Tipológica

Es un diccionario sintagmático, de construcción y régimen. Se interesa por el orden de las palabras en la oración, por las concordancias gramaticales que deben aparecer entre los diferentes elementos oracionales, por la dependencia de unas palabras con otras, por las preposiciones exigidas por los verbos (valencias) para formar sus complementos.

1.3.3.Evaluación    formal (cuantitativa y cualitativa)

1.3.3.1. Macroestructura junto a la Introducción que hace Cuervo de su obra (54 páginas), se presentan las listas de autores y obras citadas, las abreviaturas y signos utilizados (especialmente en los tomos de Cuervo). La Introducción (págs. I-LIV) del DCR se divide de la siguiente manera: presentación, vocabulario, semasiología, etimología y fuentes del Diccionario.

El objetivo de la Introducción (que se lee como un tratado lingüístico) es justificar la escogencia de un campo de trabajo restringido como lo es la "construcción" y el "régimen" además de la selección de entradas para llevar a cabo el estudio lexicográfico. Es más, el ámbito teórico del

Diccionario es la sintaxis española y ello obliga a alejarse del modelo de diccionario general. Cuervo propone pues distinguir entre 'sintaxis gramatical' y 'sintaxis léxica'. La primera se ocupa de los oficios o funciones de ls categorías gramaticales y los requerimientos para formar oraciones; la segunda, por el contrario, se ocupa del comportamiento sintáctico de cada palabra. A renglón seguido Cuervo explica los tipos de palabras que figuran en el Diccionario en razón a sus características sintácticas. Se citan pues sustantivos y adjetivos, verbos, preposiciones, adverbios, conjunciones e interjecciones. En lo concerniente al verbo, es el elemento de mayor representatividad y sus rasgos se tratan así: 1) particularidades que se refieren al género y a las formas del verbo, 2) régimen preposicional, 3) el verbo transitivo cambia a menudo de construcción según que el acusativo es nombre de persona o de cosa [...], 4) también puede complementarse el sentido de un verbo por medio de una proposición subordinada, 5) con ciertos verbos se juntan nombres que, completando su significación se refieren al mismo tiempo al sujeto o al acusativo y son los que llamamos predicados, 6) hay verbos que cuando se construyen con un infinitivo o un gerundio, pueden atraer a los pronombres pertenecientes a estos: "Pensó hallarlo".

En el aparte de Semasiología, Cuervo menciona una de las verdades de la diacronía (historia): las palabras cambian, se modifican por diversas razones. No obstante, es deber del lexicógrafo "buscar el valor originario y disponer según el orden de su generación los significados de cada palabra, de suerte que aparezcan informados por un concepto fundamental". Así las cosas, el lexicógrafo puede ver en los cambios de sentido los siguientes casos: 1) Determinación: consiste en la limitación del sentido general a uno especial, por ejemplo, 'comer'-'almorzar'. 2)


Generalización: consiste en la extensión de una significación especial, por ejemplo, 'arribar' cuyo valor originario fuer llegar al puerto, a la ribera, se ha empleado como 'llegar a cualquier parte'. 3) Lenguaje figurado: el trabajo con las metonimias, las metáforas y las sinécdoques.

A más de esto, Cuervo menciona en este aparte los principios que determinaron la ordenación de las acepciones en el Diccionario: "Tomando como base el sentido etimológico, se distribuyen las varias significaciones en grupos, de tal manera que en cada uno el sentido general o especial y el metafórico reciban luz del especial o general y del propio del que nacen."

En el aparte Etimología, Cuervo afirma que la inclusión de la parte etimológica en el DCR no es un mero adorno. Es por eso que hace algunas indicaciones sobre la credibilidad de las etimologías destacando los aportes de diferentes lenguas en la constitución del castellano. Así las cosas, la etimología se constituye en el punto de partida para ordenar genética e históricamente el conjunto de significados de cada palabra. Es por seo que escribe: "Pero, para atinar con el origen de los vocablos no basta saber orientarse: hay que poner los ojos en las condiciones de la palabra humana, a fin de lograr restablecer históricamente o idealmente el lazo que une lo presente y lo pasado." (Página XXI). Más adelante Cuervo cita cuatro causas que tienden a modificar las condiciones de evolución de un vocablo de la lengua 1) la diferencia dialéctica, 2) la tradición erudita, 3) la analogía o contaminación analógica y 4) la etimología popular.

Cuervo resume así el valor de la etimología:

El etimologista ha de empezar por un estudio escrupulosísimo de la lengua que va a examinar, rastreando en todas las manifestaciones de su desenvolvimiento histórico los principios reguladores de los sonidos, las formas y la significación de las voces; ha de buscar el origen de éstas teniendo en cuenta la posición que ocupa la lengua entre sus cognadas y con respecto a las que pueden haberle suministrado sus elementos constitutivos o adventicios; y finalmente, para comprobar la continuidad de una voz con la fuente que se le atribuye, ha de conocer en las lenguas originarias las circunstancias que en la época de transición hubieron de determinar la forma actual Labor ardua sin duda, y para la cual se necesita no pocas veces el auxilio de los especialistas; por esto, cuando una etimología sale de la línea de nuestros estudios, indicamos el autor que las abona, no sólo para que pueda quien lo desee, hallar noticias más circunstanciadas, sino para cerrar las puertas de este libro a lo que de otro modo pudieran los no conocedores reputara como tentativas de un mero aficionado.

En el aparte Fuentes del Diccionario, Cuervo justifica el uso de las fuentes a las que acude el lexicógrafo. Estas pueden ser literarias y populares. Cada una de ellas hace parte del conjunto de la historia de la lengua. No obstante, se privilegia el uso literario por estar plasmado en la escritura y contener de alguna manera el uso popular: "El lenguaje literario se compone pues de la mayor parte del lenguaje común y de muchas voces y modos de decir que fueron un tiempo populares, como lo demuestra su misma forma (v.gr. do, cabellera, lecho, esposo), y que, olvidados en el uso familiar, se conservan en la memoria mediante el cultivo de la literatura:" (pág. XXXI).

Al final de la Introducción Cuervo muestra la manera como se presentó cada artículo. Esto lo trataremos en la parte de microestructura.

Sigue la lista de los principales autores y obras que se citaron en el volumen; son los autores que Cuervo leyó y anotó para sacer los ejemplos. Se destaca, como se infiere de una nota final, que las obras y autores son de primera mano. Para los autores, se da una breve nota biográfica. Para las obras, algunos datos bibliográficos.

PAIDEIA    10



Hay una lista de abreviaturas y de signos que hacen más claro el estudio del DCR. No los comentaremos por ahora.

En la edición del Instituto Caro y Cuervo, los tomos 1 y 3 están precedidos de un prólogo, a manera de anexo, redactado por Fernando Antonio Martínez e Ignacio Cháves respectivamente. Martínez destaca el inmenso valor del Diccionario describiendo su génesis, la publicación de los dos tomos y la necesidad de culminar su redacción con el fin de que los estudiosos de la filología y de la lingüística españolas tengan en el Diccionario un documento de consulta y de estudio.

En el prólogo del tomo 3, Cháves hace un recuento del periodo de continuación del Diccionario a partir del año de 1942 cuando se crea el Instituto Caro y Cuervo, hasta el año de 1987 cuando se publica dicho tomo. Se proyecta la finalización del DCR para el año de 1992, en la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América. Se rinde homenaje a la memoria de los profesores Fernando Antonio Martínez (fallecido en 1972) y Rafael Torres Quintero (fallecido en 1987), quienes entregaron lo mejor de sí en la dispendiosa tarea de continuación del Diccionario. Para la finalización de los demás tomos se siguió la siguiente dinámica:

La organización, planeación, formación y el adiestramiento en la redacción de monografías para el DCR estuvo a cargo del director científico del proyecto y jefe del Departamento, profesor Edilberto Cruz

diacrònico, con carácter histórico etimológico a la vez. 4) Por lo que se refiere a la

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Espejo. Talleres, conferencias, ejercicios, lecturas seleccionadas se realizaron para el entrenamiento y orientación de los nuevos colaboradores, hasta logar de ellos su aporte en la redacción de las monografías. Los trabajos desarrollados en esta fase, como ya se anotó, estuvieron centrados en la redacción, evaluación, corrección y publicación de los tomos faltantes del Diccionario. En 1992 se publicó el tomo IV y se culminó la redacción de los otros cuatro tomos. En 1993, se publicaron los tomos V y VI y e 1994 los tomos VII y VIII. Este fue un gigantesco, pero exitoso esfuerzo por parte del equipo de trabajo del Departamento de Lexicografía, con lo cual el Instituto Caro y Cuervo logró cumplir dos años después de lo previsto el compromiso asumido ante el mundo hispánico de terminar el Diccionario de construcción y régimen como una contribución muy significativa por parte de Colombia para conmemorar el V Centenario del Descubrimiento de América.

(Thesaurus LIV, 1999, 442443).

Antes de ilustrar la microestructura del DCR, vamos a sintetizar, siguiendo lo propuesto por Porto Dapena (1980, 1-2), sus características más destacadas: 1) es selectivo y restringido puesto que tan solo estudia vocablos del español normativo y, de éstos, tan solo aquellos que presentan alguna particularidad en su comportamiento sintagmático, es decir, se trata a su vez de un diccionario sintáctico lo que constituye su principal característica. 2) de acuerdo con el modo de estudiar las entradas posee un carácter descriptivo, apoyando sus descripciones -sintácticas y semánticas fundamentalmente- en textos tomados de la lengua escrita, lo que lo constituye en un diccionario de citas. 3) Según la perspectiva temporal, hay que calificarlo de diccionario


ordenación de artículos, se trata de un diccionario alfabético. 5) Su finalidad es fundamentalmente normativa y 6) En cuanto al público que va dirigido, constituye, como observa el propio Cuervo, un diccionario escrito para una minoría, esencialmente para especialistas en materia filológica.

1.3.3.2. Microestructura Como se mencionó más atrás, las entradas del Diccionario son restringidas como corresponde a un diccionario sintáctico especial. Es por eso que sólo aparecen algunos sustantivos, algunos adjetivos, algunos verbos que en su funcionamiento gramatical presentan una particularidad sintáctica. El número de entradas del DCR oscila alrededor de 3000. Cuervo seleccionó para el primer tomo 533 palabras y 728 para el segundo (Martínez 1963, 7). Así las cosas, la labor del departamento de lexicografía del Instituto Caro y Cuervo giró en torno a la selección de las 1739 papeletas restantes. Para ser más precisos, Cuervo dejó la lista de entradas. El departamento de Lexicografía la siguió en su totalidad, descartando solo las anticuadas. Los estudios de Martínez y de Porto Dapena nos muestran la dificultad de la selección en el proceso de culminación del DCR no sólo por la caracterización de los elementos claves del comportamiento gramatical (sintaxis gramatical? sintaxis léxica) sino también porque la labor era de continuación no de reelaboración. En este orden de ideas, luego de la selección de las entradas, se procedió a ordenar cada artículo. Cuervo dedica la última parte de la Introducción a explicarnos el procedimiento que llevó a cabo:

Fijado el carácter gramatical primario de cada voz, se da al principio, cuando parece necesario, una idea del desenvolvimiento de las acepciones; explicanse luego éstas por su orden, así como las construcciones a que se prestan, y compruebanse y esclarecense con ejemplos, acompañados de la indicación precisa de la edición de que se toman, que es a menudo la Biblioteca de autores españoles de Rivadeneyra, no tanto en razón de su mérito (que en ocasiones es bien escaso) como en atención a lo accesible que es a toda suerte de lectores; algunas veces se comentan estos ejemplos o se les agregan las indicaciones filológicas bastantes a asegurar la interpretación. Vienen enseguida las autoridades del periodo anteclásico dispuestas aproximativamente en orden cronológico ascendente, y en seguida los testimonios sacados de documentos latinos o cuasilatinos redactados en España antes de ser el castellano idioma oficial. Cierra el cuadro la etimología, o su discusión cuando no es clara. Además, si las palabras dan ocasión a ello, se anotan los accidentes morfológicos, prosódicos y ortográficos y en los artículos de verbos, cuando son largos o complicados, va al fin un índice de las construcciones.

La presentación de las entradas se hace de manera alfabética directa. Es más, dichas entradas son consideradas como la cabeza del artículo. Cabe anotar que las palabras no se presentan sueltas o aisladas en la comunicación y al juntarlas, establecen entre otras cosas, expresiones o locuciones cuya constitución gramatical es estudiada también en el Diccionario. Así pues, una palabra adquiere significación sólo en el discurso. Para el caso de dichas locuciones (llamadas también unidades pluriverbales), éstas se incluyen dentro del artículo que correspondería a una de las palabras que allí se utilizan. En el caso de las expresiones citadas en el artículo Amigo: Amigo del asa: amigo íntimo de otro, o parcial suyo muy adicto. (Tomo 1); Hilar: Hilar delgado; discurrir con sutileza, o proceder con sumo cuidado y exactitud. Incluso se citan refranes: Dímelo o cuéntamelo hilando: se da a entender que la conversación es ociosa y más cuando nos distrae de la faena. (Tomo 5).

De igual forma para la presentación de las entradas se tiene en cuenta el caso de la homonimia y la polisemia10 . En el DCR el criterio de diferenciación es el histórico, desde el más antiguo al más moderno aun en el caso de que los homónimos sean de clases distintas. Por ejemplo la palabra Alto: (I) Alto, A. Hace oficios de adjetivo, de sustantivo y de adverbio...; (II) Alto, s.m.; así como Tocar: (I) Hacer sonar la campana, sirena o cualquier otro instrumento para avisar, llamara la atención; (II) Peinar el cabello; enlucir, adornar.


Veamos ahora la estructura de la monografía del DCR.

La monografía (i.e. el artículo) se constituye de la siguiente manera: 1. El lema o parte enunciativa, 2. El cuerpo del artículo o parte informativa que consta de los siguientes apartados: introducción, periodo clásico, moderno y contemporáneo, periodo anteclásico, testimonios latincb hispánicos, etimología, particularidades morfológicas (u ortográficas y prosódicas) y finalmente, índice de construcciones.

En el mismo artículo se aprecia la organización semántica y sintáctica. Esta última se subordina a la primera, pues se comienza por la estructuración del material lexicográfico en acepciones, y luego se establecen los tipos de construcciones sintácticas. La presentación de las acepciones se hace etimológicameiite. Por el momento no haremos el análisis detallado del artículo -esa será tarea de otro texto-, tan solo intentaremos proponer un anteproyecto de trabajo con el fin de desarrollar la temática de la lexicografía de valencias. Para tal efecto nos apoyaremos en el esquema de análisis de textos científicos de los profesores Pardo/Baquero11

1.    Objeto de estudio: análisis de algunas entradas del DCR a la luz de la teoría general de la Valencia Verbal.

2.    Problema

2.1.    Presentación

2.1.1.    Presupuestos

a)    El DCR es un diccionario sintáctico restringido.

b)    Uno de los núcleos del diccionario es la distinción entre sintaxis gramatical y sintaxis léxica.

c)    La valencia verbal puede definirse como la capacidad que tiene el verbo de requerir un determinado número de actantes para lograr la significación en la oración.

d)    Desde Tesniére (1959) hasta los trabajos de Helbig, la valencia verbal se ha constituido en un punto de referencia par el desarrollo de varios modelos lingüísticos aplicados al análisis lexicográfico.

e)    Tanto el lingüista como el lexicógrafo deben ocuparse de la descripción y explicación de la estructura, la función y el funcionamiento de la valencia verbal.

f)    Resulta conveniente reestructurar, a la luz de la teoría general de la valencia verbal, las nociones de construcción y régimen.


*    ffileríasa áici'ía que Miklgee i»liles (ato aroaflle-s da ;-u rey! » ULifl. 45(2, IOS). <¡ S«r pone flére* que la «ftvifü* de es Se libro <•« capüuls* do se baila éit ningusq de los oíMIi-ces amigues, j 4«ir « ©bra de algfcn mad-erno amante ae la cbriílíiá, í J, Vtliast, ViajeHUtK 3, p> áfl'J. « Samo« más ambíri«#*! queama«« les de la yiariu. j Lista, flntsyo*, 2, j>, 5J.

*    Fue ia» a»wí¡te de las tetras |P. I¿jve* di* Apla], que i pesar de *¡s* eieradas &mM-dbnv bailé líempo para enjpieítrk en la lee-tura 3? *i esSttdki, > tiíi y /iirste. íiWi m. his-t&r. p. i y, ti Jíe- apbe« por «í«iiá¡kí ék& cas** en oue .<«* maestra rf amor ó que m re-Keren á él. * 6newrá ti premio injitM# * tei dialer d!a aus^Rfws lanías, ¡ Ite tu» a mames porfías i Y siíis resistencias vanas. » Uta, Trampa (&!*&nie, 3, 10 .ít. ;}&, IM1}. «. i triste de mí! que ir« parama apartado —-

j H«Üje> muerte de eelas. <jue derriba | Ki edificio amante <|ue buba ainado 1 Sobre agua fu* gítíva. * l#lríiasT u/ií. 3 {&. Oí. 4é4!*>. t Am-rara a« tas defina« | (fej sus aman fes caricia* | i-a tamaña felicidad. » A. Saav, Et dm>'n-jwáo eti un «ueúv, i. i ;4. 449t, * A«ui mi wsfc^ «rHn> I 1*3 ¡irironírlatidoawaale.»»arte. Mj'ttra en Hautft C?«iiea, 3. i 1

E4I*m. ixsí.    aman»r. t¡arl, de

í«tórf, amar.

AKiíi*, ti. ») ílomjKtaer t> llevar á rabo n:a¿»sa)»er>te <*ra n#.j. a) 1 Adhirieran á la pat gení-rai 4*1 <ms tanta prudencia sib«9| ••I ja**# dk»n Jaime ►nire - «cas hambres »Dto de asta »«¿faisSa, * Jovcll Mtm, éit casi. 4t BtUrtf , mia 1 (R. 46- 424li. — A mriiitd« zts 10*84 an niala parle, c Mal mta fiuaüít 4ri tntóiiilaai#, si «3 álestauÍQ 4e Jas iHM.'hanos ealará« jamás tibfe* «te las tupiáin* tariane* «ja« paeda auiaúar cf iMatm. * lo» »«■ti, Did. sobre embarque depu&m estrmj* di. 30. 73'). * Y «o v«»g3ii ífícjáifilajM!» que «Mas ácniastrariORes da aprobar té» roaal«Hia auaien aparecar (aotibián *n apoya de la lira* ufe,, porque eníoncis# íto es i a ralwfiftÁd quiea las Íraíi«|u<«a. e* !;i íu^n ^ai«n las arranca. i fuero« aeaü>» ialv» las q¡«e mínH'ió la jijsü-Micián d«l Oabknia Central? .Si aa! lo en» Íüí eousuUauíés, vca^tQ r ul’-ü i’u.l! fue «t impulso, «tile*los iw:*dú>s, cwiks !=as «rUfi-cwft <¡tn‘ empk*ó para amanarte. » 1¡S, Bef, rk tu ¿mía Ccnlrní, ! , 1 <1, 44», fílf*)..— ai'/ Pits, t i’ara comelei-, paus, el Afind« q«t supoiit*. el sfgundít medio, ira preriio ^ue filme primero «atwebido |M>r unto« y Istgo en ía sw'enéa y <t«cn*Ud« ¡sor lodc» i-a iajuma. * y. tb. l.í{K. 46. — V> ktfl, Üarse «»afia, acornadarse coa facilidadá hacer alguaa rasa, a) €«» á. «> Car! «a fnttii, < Par cstasericilie* lo (fu(ero    las teUi

de mi £Of:;v¡ó>i> y na of>4 amato i dejarle por mus dispárales qnr Ita^a. > fiwr, Qttii. i. 13 (H. i.    t ¿(juirn diabto« se ha m ama*

ñar á rdsirá secas? » fd, iñ.± 14 (fl. i 43f*’ii. » tíastwl < t* <diw<ra, qs« yo 1? dcs«uíLar¿ tan b íüfsrxa de mis hraius, que todavía mt'A-ñarita artles 4 deraalkar ua frm© que nn áia-ilóa. * M. Pert. 3, 13 íñ. i. »Ujü1 ■ < lije« á

hacer e*{e «unioo | Tu ¡0|^8¿a j aniafsa. > Id. El »ujl/m ditkm^ t S9), « (lo ir? ¡«arw en tona* b : á folaar á ‘ti cuera no s* »arfi Btm. Si^ñ. IT, 3%*>. * Same» mu A grastar íaiasnerlas. * T, Iriartot, M mimado, i. 8 (4. HT8]. —- - €m, m i i A fié género de j^tésia es rwcav más íarlias^», al lineo, al herw* «

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Mra’K sin ijue el haber retrocedí r a-ua abjeci^n grave, pues na íai&sa mejantes. Véase IHet. úrsmm. f. u.

trad, Ir.; S<hyefianJi, Vítkai, % p ak cutis por it,n '.íhk 3, p, 290. A

m‘sp«áima 4 wm&tüare, 1 ;*a* phas #xe»-*eilafe t, que Daeange -• 1 derivad# m mmxs, «snparáiNiaL mmtípTmr-t, maogaraiüa, tina E»ta, en lo cual lia;- tfi «feé* la* jiíi'ui»* de maaas y aiarlsa ® manejar, manejo, manipular, 1 (Ámlundid» en Bisa sala sofreía te '« latinas, es nombre m atitftbM á ía del n-rba. Todo esla 110 puede prnsm' m«ra eaajclura, <jt¡« si, por 3a ^at caswiblBa, pudiera ría *er muy halla grandes trajHeios, vistas lisfe prrseaian aire* stfsleeiftí, la* mém misma aenieja«*« hacen < « r.-.-u cr: inneUs. Ó wvrt, amanhar, p^-rpa-r,-. uer. y tanihieii labrar la tierra, es itueslrc. amañar; peto¿ potlrá *»* raí de l ít. niemTia, teanojo, ga*»ik. mm'tH úMimnntre, aüsíar» psrpaaw«.. awflK»t¿tf. amanDjar, ammimar«^

Mcil. ftmrmnmu’i., hateer Btafia» #

l'ttdse«i lueedbr an **j,tas tmtm ísie.wik jriódtlícaci&ae* sm jue pur tk-tio difíciles de e tpliar. praaaite ec«na ba» mámai, püáfcéfc, y Thwrneyse« sugiere que 1 ■ * * ímedé pTOvenír tb- ti» ieraa. «jaara, &>■■ ca para la. una areperán el laí, n«c artrlieio, y {*asra ía sítra eí gaéí, «mmi manada. Ti>d.,> es conjetnrar.

Ten.er amor & algo» cosa {lra»*.j. £xpe¿» todas la* f: d*sde la pasión s«b«mps»!e <ju iir** baria el otro, basta te h»l«iNi *


2.1.2.    Interrogantes

a)    ¿Cuáles son los diferentes tipos de valencia que se pueden identificar en un diccionario sintáctico?

b)    ¿Qué tipo de rasgos selectivos se incluirían en un diccionario sintáctico tomando como base la valencia verbal?

2.2.    Justificación del Problema

2.2.1.Estado de la Cuestión

El trabajo de Porto Dapena en torno al diccionario de Cuervo es destacado y se puede apreciar la magnitud de su trabajo en la publicación de 1980 ya que él hace allí, por primera vez, una detallada exposición sobre la obra de Cuervo destacando su vigencia pudiéndose estimar todavía como un excelente instrumento para tratar de resolver problemas sintácticos del español que, como los del régimen preposicional para citar tan solo un cao, han ocupado la atención de diferentes estudiosos. No obstante, el trabajo de Porto no se ocupa de la Valencia Verbal. Mingorance afirma que el DCR es el caso del primer diccionario de valencias sin detallar su aseveración.

3.    Marco Teórico

Se asume como marco teórico la teoría de la Valencia propuesta por Luden Tesniére (1959) así como la propuesta de Wotjak (1979), acerca de la confección de un diccionario de valencias de verbos españoles.

4.    Solución

4-1. Formulación de la hipótesis

Podemos contar con las monografías que conforman los ocho tomos del DCR. Estas constituyen un material de base para realizar una aplicación en términos de valencia. Se seleccionarían los artículos correspondientes a algunos verbos identificando los siguientes aspectos:

(i)    Valencia cuantitativa: en donde se determinará el número de actantes obligatorios y ocasionales.

(ii)    Valencia cualitativa: que puede ser de dos tipos:

V    sintáctica

V    semántica

4.2. Sustentación de la hipótesis Se establece a partir de lo propuesto por el profesor Edilberto Cruz (2011) en el siguiente texto:

El Diccionario de Cuervo y la Teoría de los casos y valencias

No pretendemos caracterizar el Diccionario de Cuervo como un diccionario generativo. Sólo queremos mostrar una serie de coincidencias que permiten valorar la genialidad y la aguda intuición del maestro Cuervo y postular que el Diccionario contiene elementos que podríamos catalogar de antecedentes del modelo generativista y de la teoría de los casos y que la información de estos nuevos desarrollos de la lingüística fueron parte de la formación del grupo de investigadores que continuamos y finalizamos la obra de Cuervo, así no se hubiera cambiado el uso de la terminología de la gramática tradicional.

Cuervo era dueño de un agudísimo ingenio que se adelantó a su tiempo, y pareciera que participara de la relativamente reciente polémica entre sintacticista y semanticistas (chomskyanos y postchomkyanos) y que a pesar de su inclinación por la sintaxis, pareciera que diera la razón a los semanticistas y por tanto a la propuesta de Fillmore de dar cuenta de los fenómenos semánticos. Es muy claro que no es posible tratar la sintaxis de una lengua con absoluta independencia del aspecto semántico. Toda unidad léxica posee una serie de rasgos semántico-sintácticos que determinan su comportamiento como miembro del enunciado. Un Diccionario sintáctico propiamente dicho no necesita estudiar todos los vocablos que conforman el sistema léxico de una lengua, pues resultaría redundante y antieconómico. Así pues, el DCR, por ser sintáctico, ha de ser selectivo. Estudia solamente unas tres mil palabras y con toda esta reducción comprende ocho voluminosos tomos en apretadas dobles columnas. La mayoría de las voces estudiadas son verbos, no es extraño que Cuervo hubiera prestado especial atención al verbo, núcleo fundamental de la estructura oracional.


Fillmore plantea que se puede pensar más eficazmente en una descripción gramatical basada en la teoría de los casos a un nivel superficial. Las relaciones de caso se establecen entre el evento y los actantes. Desde el punto de vista psicológico estas relaciones se refieren a las formas de conceptualizar la realidad para efectos de la comunicación, y se entienden como la capacidad humana razonable para efectuar juicios acerca de lo que acontece a nuestro alrededor.

Los casos corresponden a cuestionamientos tales como: ¿Quién actúa? = Agentivo, ¿Qué cambia, o sobre qué o quién se da el proceso? = Objetivo, ¿Quién es el destinatario o afectado por el evento? = Dativo, ¿Dónde o cuando se da el evento? = Locativo, ¿Para qué se actúa o realiza el evento? = Finalidad, ¿Cómo sucedió o cómo se realiza el evento? = Modal, ¿Con qué se lleva a cabo el proceso? = Instrumental, ¿Con quién se realiza el evento? = Comitativo, ¿Por qué se da el evento? = Causativo, etc., todos ellos importantes para el análisis gramatical tradicional o moderno.

Las construcciones activas, que llevan un verbo transitivo, exigen la presencia de sujeto y objeto. Esto equivale a decir, en términos de la semántica de casos, que un verbo de acción proceso exige como casos obligatorios un agentivo y un objetivo, además de los complementos generales o particulares de dicha acción proceso, que pueden o no estar presentes. El ejemplo socorrido es el de abrir. Pedro abrió la cerradura con la llave. Abrir exige en este ejemplo el caso agentivo (Pedro), el objetivo (la cerradura) y el instrumental (con la llave). En la expresión La llave abrió la cerradura, el análisis sólo cambiaría por la elisión del agentivo. Por su parte el objetivo y el instrumental se mantendrían, aunque en la estructura superficial el instrumental tomara la posición de sujeto, todo es cuestión de aplicación de las reglas de transformación. Cuervo en su monografía de abrir nos señala: "Dicese de la cerradura, y en este caso puede tomarse como sujeto tanto la persona que hace jugar el artificio de aquella, para que la entrada quede franca, como la llave con que se efectúa la operación". Creo que Fillmore hubiera quedado estupefacto con esta explicación de Cuervo dada casi cien años antes de imponer su teoría.

Las construcciones neutras, o intransitivas exigen sólo el sujeto, no el objeto. Vale decir que los verbos de acción requieren para su significación de un agentivo o instigador de la acción, además de los complementos generales o particulares. En Jesús entró (a/ en) el templo, el verbo entrar, como verbo de movimiento no puede tener objeto pero sí requiere del sujeto y de un complemento de dirección o punto de llegada introducido por a o en, que para la teoría de casos sería un locativo. Invitamos a consultar la monografía de entrar en el DCR de más de 28 páginas, pero en especial la amplia disertación de la primera acepción en la página 607 del tomo III.

Diccionario de Valencias

La conceptualización de los casos se adhiere la de valencia, entendida como el número de sintagmas nominales implicados por el verbo en la proposición. Según el verbo se acogen actantes de distinto orden y circunstancias o componentes facultativos de la estructura proposicional. Este término fue introducido por Lucien Tesniére en varios de sus escritos, especialmente a los Elementos de sintaxis estructural publicada en el año de 1959. En la presentación de esta obra por parte del profesor Jorge Paramo Pomareda, en el Thesaurus de 1961, se nos avisa: "El nudo verbal que ocupa el centro de la mayoría de las lenguas europeas, expresa un proceso. Los seres o las cosas que, a cualquier título, participan en el proceso, son los actuantes. En la frase 'Alfredo da el libro a Carlos', 'Alfredo', 'Carlos' y 'libro' son los actuantes, y el proceso el verbo 'da'. (...) Los actuantes difieren por su naturaleza, que es a su vez, función de su número en el nudo verbal. El concepto de valencia fue tomado de las valencias fisicoquímicas de los elementos y asumido por la gramática de valencias y por la semántica generativa.

Todos los verbos no presentan el mismo número de actuantes, e, incluso, con frecuencia, un mismo verbo no presenta siempre el mismo número de actuantes.

Llover, nevar, tronar, tienen valencia cero (0) ya que no exigen ningún actante.

Respirar, llorar, estornudar, tienen valencia uno (1) porque implica un agentivo.

Escribir, enviar, tienen valencia tres (3) porque implican un agentivo, un objetivo y un dativo.

El profesor Páramo continúa advirtiendo: "Los actuantes se distinguirán por el número de orden en primer actuante, segundo actuante y tercer actuante. (...) Desde el punto de vista semántico el primer actuante es quien ejecuta la acción (sujeto); el segundo, el que sufre la acción (complemento directo), y el tercero, aquel en cuyo beneficio o detrimento se ejecuta la acción (complemento indirecto). (...) En las lenguas con casos O' va en nominativo, O" en acusativo y O"1 en dativo." (Páramo, 1961, 195).


Por su parte el profesor Leocadio Martín Nigromante señala claramente: "El diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana de R. J. Cuervo, cuyo primer volumen apareció en 1886 ..., se puede considerar con toda justicia como el primer diccionario de valencias propiamente dicho, tanto por la descripción de los tipos de complementación como por la justificación lingüística. Parte Cuervo de la distinción que hace Bello entre sintaxis gramatical, que se ocupa de las estructuras oracionales, y sintaxis léxica, que se ocupa de los tipos de complementación de las unidades léxicas individuales. En la praxis lexicográfica se inclina por el criterio de indicar la complementación de aquellos vocablos que presentan alguna particularidad, lo que dota de gran economía a este diccionario. Este criterio resulta particularmente práctico en la descripción de la complementación sustantival" (Martín, 1994, 31-32).

Y más adelante: "Ha sido principalmente en Alemania donde, en la década de los setenta, comenzó a plantearse la relación entre la valencia y los niveles de la lengua. El cambio metodológico en el análisis de la estructura de la oración nuclear que supuso el esbozo de la gramática de dependencias de Tesniére va a abrir un camino que explorarían hasta sus últimas consecuencias. (Martín,

1994, 33)

El profesor Ignacio Ahumada opina: "El paulatino acercamiento de R. J. Cuervo al estudio pormenorizado del régimen, y de aquí la construcción, no puede menos que llevarnos a entender sus planteamientos como un exponente temprano y certero de los actuales diccionarios de valencias" (Ahumada, 1996, 12).

El profesor Haensch nos informa que "un subtipo de los diccionario de construcción y régimen es el diccionario de valencias verbales. Desde 1995 existe un diccionario de régimen preposicional. (...) Que yo sepa, no existe (aparte del Diccionario de Cuervo) ningún diccionario de valencias para el español, pero sí un diccionario alemán-español de valencias con ejemplos, que podría servir de modelo para una obra monolingüe de este género para el español" (Haensch, 1997, 60-61). Efectivamente, debido a su importancia sintáctica, Cuervo selecciono más verbos que otra categoría léxica para conformar las entradas del Diccionario, por esta razón es un diccionario de las valencias del verbo, si definimos la valencia como la capacidad de un verbo de regir actantes.

En lo tocante a la reforma de los microdiseños curriculares, se puede pensar que el curso de Lingüística 2 desarrolle una Unidad Temática correspondiente a Valencia Verbal y Lexicografía con el fin de trabajar la constitución del DCR. En cuanto al microdiseño del curso de Introducción a la Lingüística se puede incluir un aparte de Lingüística en Colombia en donde se aborden algunos aportes del pensamiento de Cuervo. El detalle se sustentará tanto en cada microdiseño como en la sustentación de la propuesta.

Referencias Bibliográficas

Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana, por Rufino José Cuervo, (Tomos I y II). Tomo III Fernando Antonio Martínez. Director científico de los tomos IV al VIII, Edilberto Cruz Espejo. Bogotá D.C., Instituto Caro y Cuervo, 1992-1994.

Porto Dapena, J. A. (1980): Elementos de Lexicografía. El Diccionario de Construcción y Régimen de R.J. Cuervo. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

Porto Dapena, J. A. (1984): "Pasado y presente del 'Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana'", en Historiographia Lingüística, XI, 1/2, págs. 287-324


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INSTITUTO CARO Y CUERVO

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CUISTüQuNTTNARJO

SANTAFJÉ DE BOGOTÁ 1992

Rufino José Cuervo La guerra de letras de un ermitaño

Por: Ricardo Abdahllah/París

Hace cien años, el 17 de julio, obsesionado hasta el último día por la que sería su gran obra, murió en París el más importante de los lingüistas colombianos.

Cuervo comenzó a trabajar en el 'Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana' en 1872.

Rufino José Cuervo

Es la tarde del domingo 19 de junio del 2011 en Pére Lachaise. No es necesario hacer una vez más la lista de celebridades que esperan el Juicio Final en el cementerio más grande de París, pero como la lista importa, habría que decir que un colombiano entrará en ella en los próximos meses. O esa es la intención, que en los mapas oficiales del camposanto aparezca su nombre. Para eso se hacen gestiones. Una docena de personas se reúnen frente a la corona de flores que acaban de poner en la tumba, que hasta hace un par de meses estuvo casi del todo cubierta por el musgo. Se habló de levantar un mausoleo, se recibieron propuestas y maquetas. Entre el rigor del presupuesto y la modestia legendaria de los dos hermanos que allí están sepultados, se decidió conservar la tumba actual, aunque a fuerza de pulirla, los nombres se hayan ido borrando.

Con un esfuerzo puede todavía leerse, Rufino José y Angel Cuervo.

El apellido dio para que en la programación del coloquio que la Sorbona, los Institutos Cervantes y Caro y Cuervo y la Embajada de Colombia en Francia organizaron hace dos semanas en París,

Foto: Rufino José Cuervo

se incluyera un cuervo dibujado, que en medio de los pájaros negros que acompañaron los discursos en el cementerio daba un cierto aire de redundancia pero que podría explicarse porque de don Rufino, a pesar de que hubiera vivido en una época en la que los retratos ya eran corrientes, no se han conservado más que dos fotografías. Una anécdota que conocen bien los que Genoveva Iriarte Esguerra, directora del Instituto Caro y Cuervo, llama "cuervólogos", los académicos, periodistas y escritores, latinoamericanos, españoles y colombianos reunidos en París para el primer acto en Francia del año dedicado al más importante de los lingüistas colombianos. Entre ellos están MarieFrance Delport, profesora de la Sorbona, Ignacio Bosque, de la Complutense de Madrid, Mario Jursich, director de la revista El Malpensante y Charles Leselbaum, uno de los prologuistas de la colección de correspondencia de Cuervo, editada por el Instituto Caro y Cuervo y que consta de 25 volúmenes.

Las cartas de un intelectual lisonjero

El periodista Enrique Santos Molano, autor de la biografía Rufino José Cuervo, un hombre al pie de las letras, quien también participaba en el coloquio, explica que si Cuervo tuvo el tiempo de realizar una obra de esa magnitud fue gracias


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a la fábrica de cervezas que los Cuervo habían montado en Colombia y que, luego de años en los que ellos mismos tuvieron que lavar las botellas, les permitió disponer de tiempo libre para la lectura y la escritura. Algo esencial para un hombre como Rufino José, que llegó a ser reconocido como uno de los lingüistas más destacados de América a pesar de que ni siquiera había terminado el bachillerato.

En algunas de las cartas hay también pistas sobre el papel que las visitas que don Rufino hacía a los distribuidores de su bebida en los barrios bogotanos tuvieron en su interés por la manera como se hablaba el español en Bogotá, y luego en América, en una época en la que todavía parecía imposible que las colonias que se habían independizado un siglo atrás tuvieran su propia manera de utilizar el idioma. Cuervo incluso pensaba que con el tiempo el español terminaría por dividirse y dar origen a nuevas lenguas como antes había pasado con el latín.

Las cartas, y es un punto al que vuelven con frecuencia los "cuervólogos" reunidos en París, eran también y sobre todo un instrumento de trabajo. A pesar de combinar falsa modestia, alabanzas desmesuradas a sus corresponsales, rivalidades inventadas y una cierta hipocresía, ellas le servían a Cuervo para exponer y enriquecer sus ideas a través de intercambios en cuatro idiomas con filólogos, historiadores y escritores de todo el mundo. Según Mario Jursich, "Esas cartas nos revelan cómo fue alejándose de un hispanismo fervoroso, para defender el aporte de los americanismos a la lengua española". A pesar de pertenecer, porque no podía negarse a aceptar el nombramiento, a la Academia Colombiana de la Lengua, Cuervo percibía también la inutilidad de una institución que servía (y sirve) para autorizar lo que ya a fuerza de utilización se había convertido en norma. "En cierta manera -continúa Jurisch-Cuervo libró la última guerra de independencia de América Latina y permitió escapar a un colonialismo cultural cuando el argumento de la unidad de lengua era el único que le quedaba a España".

Ese era uno de los objetivos que perseguía Cuervo cuando en 1872 comenzó a trabajar en la preparación del Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana.

Los años en París

Rufino José Cuervo llegó a París por primera vez en 1878. El motivo de su viaje era explorar el mercado de proveedores de materias primas para su fábrica, pero quien para entonces ya había publicado las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano y las Notas a la Gramática de la Lengua Castellana de Andrés Bello no perdería la oportunidad de conocer en persona a algunos de quienes consideraba sus maestros, entre ellos el alemán August Pott, que había estudiado durante décadas el romaní de los gitanos. La doble anécdota sobre la entrevista cuenta que Cuervo se presentó como cervecero y que durante cuatro horas los dos filólogos conversaron en latín.

Cuando en 1882 los hermanos Cuervo regresaron a París, ya no eran cerveceros. La venta de la fábrica les había dejado el dinero para instalarse en la capital francesa. Apenas dos años después Arsène Darmenster reseñaría la aparición del primer tomo del Diccionario de Construcción declarando que el artículo dedicado a la proposición "a" era "una obra maestra del análisis". Ese primer tomo, de 922 páginas, le había tomado 14 años. El segundo, aparecido casi una década después, tendría 1.348 páginas.


Cuervo había tomado los ejemplos de la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra, que en su momento era la única accesible en Colombia en lo que respecta a los clásicos españoles. Examinando las ediciones conservadas en la Biblioteca Nacional de Francia, se daría cuenta de que muchas de las versiones que él había tomado por originales estaban llenas de "adaptaciones" hechas en el siglo XVIII y llegaría a cuestionarse si no sería necesario "revisar" los tomos ya publicados. La muerte de su hermano en 1896 lo obligaría a parar de trabajar y sobre todo a recluirse por completo, llevando al extremo un aislamiento en el que su vida social se limitaba a su pasión epistolar y a un par de obras de caridad y conmemoraciones. Cada vez más disminuido en su capacidad de trabajo, Cuervo, sin embargo, retomaría la obra durante los últimos años de su vida. Cuando murió, el 17 de julio de 1911, iba en la letra "E". En la necrología publicada en el Bulletin Hispanique, Alfred Morel-Fatio lamentaba la desaparición y recordaba que "el hombre que estaba a la altura del sabio" y deseaba que la continuación de la que debía ser la más grande de sus obras "no cayera en manos indignas"

El largo año de don Rufino

Se necesitaron cincuenta y dos años y cuarenta expertos para terminar el Diccionario de Construcción, que el Instituto Caro y Cuervo concluyó en 1994 y cinco años después le valió la adjudicación del Premio Príncipe de Asturias. El coloquio organizado en París marca el inicio de lo que Iriarte Esguerra considera debe ser la extensión del "año Rufino José Cuervo", como el Ministerio de Cultura de Colombia ha declarado el 2011.

"Ojalá pudiéramos continuar esta conmemoración hasta julio del 2012, en el 101° aniversario de su fallecimiento", dice. Evocando cuestiones como la "transitividad", crucial en su obra y que sigue vigente como eje de la investigación filológica, Iriarte Esguerra resalta la vigencia de los planteamientos del lingüista. Jursich señala además la paradoja de un hombre que en su trabajo fue un revolucionario y casi un hereje mientras "en sus convicciones personales era tan conservador que cada día de su vida fue a misa a las cinco de la mañana".


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1

Editorial El Tiempo: Empieza el año Cuervo. 2 de febrero de 2011.

2

"Para el caso colombiano se puede partir de la actividad lexicográfica iniciada por Rufino José Cuervo y continuada por los miembros del Iastituto Caro y Cuervo a partir de 1942 entre los que destacamos a Fernando Antonio Martínezy a Rafael Torres Quintero. Se debe mencionar además el apoyo que se ha recibido por parte de dos profesores españoles en este trabajo: Julio Fernández-Sevilla y José Alvaro Porto Dapena quienes nos legaron dos libros valiosos: Problemas de Lexicografía actual (1974) y Elementos de Lexicografía. El Diccionario de Construcción y Régimen de Construcción y Régimen de R.J. Cuervo (1980).

3

El DCR no es un león muerto como afirmaron en su momento algunos profesores universitarios. Los ocho tomos son el compendio de una reflexión lingüistica que debe verse a la luz de los nuevos desarrollos teóricos, verbigracia la gramática de valencias.

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Este tipo de vicisitudes en las obras de gran envergadura han producido textos que se caracterizan por mostrar las facetas escondidas, por cierto muy humanas de las grandes empresas conceptuales. Es el caso de la novela de Simón Winchester, El Profesor y el loco en donde se relata cómo se gestó y redactó el famoso Diccionario de Oxford. De igual forma, podemos leer en el libro Huellas del camino de la profesora Jenny Figueroa las aventuras de los quijotes colombianos en el largo camino de constitución del Atlas Lingüístico Etnográfico de Colombia (ALEC). Se prometió la publicación de un texto que mostraría la etapa de continuación y terminación del DCR: "[...] destaca Cháves, al tiempo que anuncia el fin de la aventura: 'No va a haber más añadidos ni reelaboraciones. Lo que sí publicaremos será una parte adicional con la historia del trabajo, en la que se clasificará la nómina de autores y referencias y que contendrá una bibliografía adicional. Será un anexo del libro'." (ABC Literario, 1995); lastimosamente dicho texto nunca apareció.

5

Dice Porto Dapena (1980,59): "En mi opinión, no hay que negar que la primera tentativa lexicográfica de Cuervo (Muestra de un diccionario, MM) tuvo que servirle en tres aspectos: como experiencia y adiestramiento en las técnicas lexicográficas, como demostración de la imposibilidad de llevar a término por sí solo un diccionario general de la lengua, y por último, como garantía de que sus estudios lexicográficos serian bien acogidos. Bajo estos tres puntos de vista puede decirse que, efectivamente, la Muestra influyó en la elaboración del DCR.” En la introducción del Diccionario, Cuervo presenta una opinión contraria: "[...] Ha parecido oportuno hacer aquí esta explicación para que las personas que hayan oído hablar de aquella empresa (la Muestra, MM) no padezcan error pensando que tiene conexión con el presente libro."

6

Véase Schütz, 1979,553-622.

7

Muestra de un Diccionario de la lengua castellana, en Rufino José Cuervo. Obras, tomo 1, 1987, pp. 253-335.

8

Véase Thesaurus LIV, número 2, 1999, páginas 373-374.

9

José Alvaro Porto Dapena. 1980. Elementos de Lexicografía. El Diccionario de Construcción y Régimen de R.J. Cuervo. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo.

10

”Según el criterio diacrónico, que es el empleado por nuestra lexicografía tradicional -y por tanto el adoptado por Cuervo y la Real Academia en sus respectivos diccionarios-, dos o más formas constituyen vocablos distintos u homónimos cuando poseen etimologías diferentes y, por lo tanto, su coincidencia en el significante es puramente casual y fortuita." (Porto, 1980,180). Más aún, La homonimia y la polisemia son dos fenómenos diferentes que establecen la presentación de las entradas (para la homonimia) por su tratamiento etimológico y la polisemia para la ordenación de las acepciones que tiene para este caso también en cuenta el criterio etimológico/histórico.

11

Felipe Pardo y Julia Baquero. 1988. Un ejercicio de análisis de texto científico. Forma y Función 3, 33-57.